lunes, 7 de noviembre de 2011

Capítulo 6. Paradoja

¿Recordáis que hace unas semanas os avisé del proyecto Cienmanos en el que me había apuntado como escritor? Pues bien, ayer se publicó el sexto capítulo que corresponde a mi aportación a la micronovela y que podéis leer a continuación.

Pero si no queréis perderos ni un detalle, os recomiendo que os paséis por el blog de Cienmanos para que leáis antes los primeros cinco capítulos (o probablemente no entendáis demasiado del mío).

Y antes de despedirme, agradecer a Juanlu la ilustración que realizó a basándose en mi texto :)


Todo se había estropeado y sin duda era culpa suya. Necesitaba encontrar el origen de este caos antes de que las cosas empeorasen aún más…
Víctor contemplaba la enorme pizarra repleta de líneas, flechas y anotaciones que contenían la clave de las consecuencias que su irresponsable decisión había provocado años atrás. ¿Atrás? Pasado, presente y futuro ya no significaban nada para él, y cuando se juega con los dados de los dioses, se corre el peligro de provocar grandes desastres.
Ahora era consciente de que sus experimentos del pasado habían debilitado la barrera del continuo espacio-tiempo en su laboratorio de Valladolid. Eso había provocado de alguna manera el primer viaje de la chica del pelo rojo, proporcionándole las claves para reproducirlo a su antojo posteriormente, liberándose así del yugo de Kronos.
Sin embargo, olvidar su diario de notas en su antiguo despacho de la facultad había traído unas consecuencias funestas para la raza humana del futuro. La solución obvia hubiera sido eliminar el diario en su pasado. Pero hacer desaparecer un objeto de tanta importancia podría haber alterado gravemente la corriente temporal. Por ello decidió influir en Sebastián Laborda, el matemático que lo había encontrado en el siglo XXI. A base de pequeñas modificaciones realizadas por Víctor en su propio pasado, conseguiría que éste nunca llegase a comprender los secretos que el diario escondía.
Pero algo estaba yendo mal. El futuro había cambiado y esta vez las consecuencias habían sido nefastas. Alguien totalmente inadecuado había descubierto los secretos del viaje en el tiempo y no se trataba del joven profesor. Lamentablemente para Víctor, en el fututo había sido imposible descubrir de quién se trataba, lo que con toda seguridad implicaba que esa persona también se había desligado de la corriente temporal. Ahora eran dos los viajeros temporales. Esto no podía ir peor…
Debía saltarse las reglas. Tenía que hablar directamente con Sebastián para impedir que el cuaderno cayese en malas manos.
De este modo, utilizando nuevamente la fórmula química que accidentalmente había descubierto, se transportó al siglo XXI, concretamente al 30 de Octubre de 2011.
No obstante, su suerte parecía esquivarle: Sebastián no prestaba atención a la carretera cuando Víctor apareció. Su pierna crujió con un sonido horripilante y tras contemplar como la sangre manaba de la herida, Víctor decidió que ese no había sido un buen momento para charlar con Sebastián. La próxima vez escogería uno mejor.

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